Empiezo este blog una semana después de haber presentado ante el Juzgado, un Concurso de Acreedores (voluntario) de la empresa donde he trabajado y evolucionado desde hace 15 años.
Han sido unos años fabulosos, emocionantes y generosos. Hasta que llegó la innombrable y se inició esta debacle; esta sangría de trabajadores, empresas y empresarios.
Con años mejores y peores, pero siempre buenos. Con esfuerzo y trabajo de un buen equipo llegamos a ser considerados Gran Empresa. Ahora, tras tres años de pérdidas (también fabulosas) y de haber hecho todo lo que estaba a nuestro alcance para evitar este fin, no hemos tenido más remedio que presentar Concurso.
Y es que, hasta para cerrar, hay que hacer bien las cosas. No basta con bajar la persiana y que cada palo aguante su vela. Hay que hacerlo correctamente y de forma ordenada. De otra manera, solo aumenta el sufrimiento de las personas y empresas con las que has trabajado. Por supuesto, a la larga, también se puede volver en tu contra.
Siempre me he considerado un emprendedor. He participado en la creación de otras empresas con la misma ilusión que si fueran mías. Ahora es el momento de iniciar la mía propia.
Un par de proyectos me quitan el sueño de madrugada. Uno de ellos, debido a sus características seguirá siendo el Business Plan que uso como pasatiempo; el plan de emergencia para emprender en otro país. Mañana pondré en marcha el otro.
A las 9.15h, tengo la primera reunión con los profesionales que van a crear la web Negorama.
Ahora recuerdo una frase que leí en Microsiervos ¿Sabes qué es lo mejor de fundar una compañía? Que sólo experimentas dos emociones: euforia y terror. Marc Andreessen, fundador de Netscape

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